El rigor, clave en la elaboración del Plan de Autoprotección


FacebookTwitterLinkedInGoogle+Share

salida emergencia incendios

El Plan de Autoprotección constituye una estructura de organización y coordinación en continua actualización y, en ocasiones, de gran complejidad.

Su principal objetivo es minimizar las consecuencias del siniestro y, por tanto, aumentar el nivel de seguridad de las personas. Y, para conseguirlo, todos deberíamos colaborar en la mejora continua de los Planes y, así, conseguir salvar más vidas.



De acuerdo con la definición incluida en la Norma Básica de Autoprotección (R.D. 393/2007, de 23 de marzo), la Autoprotección se define como el sistema de acciones y medidas encaminadas a prevenir y controlar los riesgos sobre las personas y los bienes, a dar respuesta adecuada a las posibles situaciones de emergencia y a garantizar la integración de estas actuaciones con el sistema público de protección civil. Toda esta información se debe recoger en el Plan de Autoprotección, uno de cuyos capítulos es el Plan de Actuación ante Emergencias.

Finalidad – Ayudar a prevenir accidentes

En primer lugar, es necesario comprender que el objetivo de un Plan de Autoprotección no es evitar que se produzcan accidentes, sino que podrá ayudar a prevenir estos accidentes, incluidos los que se derivan de los principales riesgos que presenta la actividad y las operaciones de mantenimiento que se realizan a las instalaciones. Además, en el Plan de Actuación ante Emergencias deberían estar incorporados los procedimientos que se deben activar para que la respuesta de los colectivos implicados en el accidente sea lo más rápida y eficaz posible. Por tanto, el Plan, sobre todo, deberá ser capaz de minimizar las consecuencias de los siniestros y, por encima de todo,  el número de pérdidas humanas.

Sin embargo, no es suficiente con que existan unos procedimientos más o menos desarrollados de actuación ante emergencias, sino que es fundamental que se den a conocer a todas las personas implicadas en el Plan, tanto a aquellas con una función específica como al resto de usuarios de la actividad. Para ello se debería asegurar que, por un lado, los formadores estén capacitados para impartir los cursos y, por otro lado, que los alumnos se impliquen en la formación y consideren que los conocimientos que les están intentando transmitir les van a permitir actuar con seguridad y salvar el mayor número de vidas en caso de que se produzca un siniestro.

Por último, y no menos importante, es poner en práctica los procedimientos previstos mediante la realización de simulacros. Con ellos se podrá comprobar si los procedimientos se pueden llevar a la práctica y, sobre todo, los participantes se enfrentarán a situaciones muy próximas a la realidad que los procedimientos por si solos no pueden recoger.

Revisión y actualización

Un Plan de Autoprotección es mucho más que un documento en el que se recoge la información especificada en la normativa. El plan incluye toda una labor de formación, de comprobación de los procedimientos mediante la realización de simulacros de emergencia y ejercicios de evacuación, y de modificación y actualización de la información en función de las conclusiones obtenidas en los simulacros. Por tanto, hasta que no se hayan completado todos los trabajos descritos anteriormente no se debería considerar que el plan esté terminado.  

En la medida de lo posible el Plan debe estar en continua actualización, por la simple razón de que, en todo momento, debe reflejar la realidad de la actividad a la que hace referencia. Esto supone que, si bien en muchas ocasiones puede parecer que, de cara al exterior, el Plan de Autoprotección  no se está mejorando y actualizando, la realidad puede ser que continuamente se está adaptando el Plan a las nuevas necesidades de la actividad y se están buscando nuevas soluciones para aumentar el nivel de seguridad de todos los usuarios de la misma. La Norma Básica de Autoprotección especifica que el Plan de Autoprotección tendrá vigencia indeterminada, se mantendrá adecuadamente actualizado y se revisará, al menos, con un periodicidad no superior a tres años.

Los procedimientos incluidos en un Plan de Actuación ante Emergencias deberán ser lo más sencillos posibles ya que, normalmente, la mayoría de las personas de la actividad no son especialistas en el tratamiento de una emergencia. Ahora bien, es prácticamente imposible que, en infraestructuras tan complejas como terminales de transporte, centros comerciales…, la activación del Plan de Actuación no lleve asociada cierta complejidad que, desde fuera, podría parecer que no es operativo, básicamente por el desconocimiento lógico que se tiene del funcionamiento interno de la actividad.

 aeropuerto

Activación

A la hora de activar un Plan de Actuación, la coordinación entre los grupos o unidades de acción interna de emergencias y los servicios de ayuda exterior es una de las actuaciones más complejas a la que se enfrentan las personas responsables de su activación. Puede pensarse que es suficiente con realizar una llamada de teléfono pero lo cierto es que ese es sólo el primer paso: a continuación se debe producir la movilización del número de medios externos previsto (o muchas veces, del número disponible) desde el lugar en el que se encuentren en ese momento hasta la zona afectada y, una vez allí, reunirse con los colectivos internos de emergencia.

Hay que tener en cuenta que en el caso de los aeropuertos, por ejemplo, el acceso al interior del recinto aeroportuario está, en su mayor parte, restringido para salvaguardar la propia seguridad de los medios de ayuda exterior que acuden a colaborar en la emergencia. Es imprescindible que para que no se produzca ningún accidente adicional, los servicios de ayuda exterior deban ser guiados por colectivos internos hasta el lugar del accidente. Además,  se debe ser extremadamente cuidadoso en el guiado de los vehículos por el interior del campo de vuelo ya que es inevitable que, al menos durante un mínimo periodo de tiempo después de que se produzca un accidente,  se encuentren aeronaves rodando por el mismo; aunque se cierren las pistas de despegue inmediatamente, las de aterrizaje no se pueden cerrar con tanta rapidez porque los aviones que están en el aire deben tomar tierra.

Tiempo de respuesta

El análisis de los tiempos de respuesta de los diferentes colectivos que intervienen en una emergencia debe ser muy riguroso ya que una pequeña variación en los tiempos puede llevar a conclusiones totalmente erróneas. Por ello, discutir sobre tiempos de respuesta sin tener un tiempo de referencia previamente definido no debería ser válido. Además, este análisis no se tendría que limitar, simplemente, a obtener una serie de tiempos, sino que lo realmente útil es analizar por qué se han obtenido esos tiempos de respuesta y qué factores han influido en ellos, con el  fin de mejorar los procedimientos en la emergencia.

En las emergencias que se producen en grandes infraestructuras (como centros comerciales o aeropuertos) el análisis del tiempo de respuesta es especialmente sensible porque concurren una serie de condicionantes como pueden ser:

  • centro comercialEl tiempo que los colectivos internos tardan en verificar el accidente (por muy evidente que sea) influye en el tiempo de respuesta de los servicios de ayuda exterior. Además, este tipo de instalaciones suelen tener público en su interior por lo que la dificultad de la comprobación del accidente aumenta.
  • La magnitud de los accidentes suele ser muy grande y puede ocurrir que aunque los servicios de ayuda externa (especialmente medio sanitarios) acudan inmediatamente, no puedan atender a las personas afectadas por las condiciones en las que se encuentra la zona afectada (calor, inaccesibilidad…).
  • La operatividad interna de la infraestructura que, en muchas ocasiones, obliga a un guiado de los medios de ayuda exterior por el interior de la misma.

Por tanto, un tiempo de respuesta sin más es un dato que no aporta mucha información y que debe ser tratada y difundida con mucha precaución porque, expresada de forma poco rigurosa,  puede provocar una gran confusión en la opinión pública y un gran daño a todos los colectivos (tanto internos como externos) que han participado en la emergencia. Esta variable siempre debería ir acompañada de un análisis detallado para que todo el mundo comprenda las razones por las que se ha tardado un determinado tiempo en actuar en la emergencia. 

Plan de Emergencia Exterior

Por último, a la hora de redactar un Plan de Autoprotección, nunca se debe olvidar quienes van a ser los usuarios del mismo: los Servicios de Intervención. Tanto los propietarios de las actividades como los técnicos encargados de la redacción de los Planes deberían tener en cuenta que la calidad de un Plan no aumenta con el número de hojas que ocupa. Se debería valorar detenidamente si es conveniente incluir en el texto principal del plan información que no contribuye en nada a facilitar la comprensión del mismo. Además, cuando los propietarios de la actividad reciban su Plan de Autoprotección, tendrían que asegurarse que el Plan de Actuación ante Emergencias se ajusta a las características de su actividad y no es una sucesión de fichas genéricas que no se pueden aplicar; en muchas ocasiones es la actividad la que tiene que adaptarse al Plan presentado y eso no debería aceptarse.

Sin profundizar más en la Autoprotección, ya se puede tener una idea de la dificultad que encierra la redacción, implantación y aplicación de un Plan de Autoprotección, especialmente en grandes infraestructuras en las que están trabajando miles de personas de distinta naturaleza. Por tanto, para emitir valoraciones tan contundentes como las que se han escuchado, es necesario tener un conocimiento absoluto de los Planes de Autoprotección, haber participado en su implantación (tanto en la formación como en los simulacros) y haber analizado detalladamente los resultados de la misma. Expresar públicamente este tipo de comentarios sin una base sólida solamente contribuye a generar grandes dudas tanto a los participantes en los Planes de Actuación ante Emergencias, condicionando enormemente sus actuaciones posteriores, como a la sociedad en general. Evidentemente, todos los procedimientos y todas las actuaciones son mejorables, pero para ello se debe contar con la colaboración de todo el mundo.

Debemos insistir en la importancia que tiene la Autoprotección en el tratamiento de las emergencias. Todo el mundo puede contribuir a mejorar el nivel de seguridad de la sociedad, pero solamente si todos los implicados trabajamos en la misma dirección, que es en la de salvar el mayor número de vidas. Desafortunadamente, esto no va a evitar que se produzcan nuevos accidentes con víctimas mortales pero, indudablemente, si que el nivel de seguridad en todos los ámbitos de la sociedad sea cada vez mayor.

FacebookTwitterLinkedInGoogle+Share

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *