El gran vacío de los Planes de Autoprotección


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Luis Carmena

A pesar de que ha pasado el tiempo, las cuestiones siguen siendo las mismas y, por desgracia, algunas respuestas tampoco disciernen demasiado de las que vaticinábamos hace un par de años.

Por ello, y para inaugurar esta sección de nuestra revista, queremos recuperar un artículo “en palabras de” Luis Carmena, director de Fundación Fuego, en el que pone de manifiesto las lagunas que existen en torno a los Planes de Autoprotección. 



 

Es posible que…

¿Una guardería tenga zona de admisión de pacientes?

¿Un edificio en el centro de una gran ciudad esté rodeado de grandes extensiones de tierra de cultivo y olivares?

¿Un centro de control esté ubicado en la cocina de un edificio de oficinas?

¿El punto de reunión esté al otro lado del río, pero sin puente para cruzarlo?

¿El técnico responsable de la elaboración del Plan de Autoprotección exija que se deba formar a todos los trabajadores de una actividad cada seis meses?

¿No se considere la figura de director del Plan porque no es importante?

¿El jefe de intervención tenga que estar en el lugar del accidente e informando a los servicios de emergencia en el exterior del edificio simultáneamente?

¿El técnico encargado de la redacción del Plan no visite la actividad?

¿La documentación no esté firmada por el titular de la actividad y, aún así, tramitada con éxito?

¿Un curso de formación de procedimientos de actuación antes emergencias, primeros auxilios y formación práctica en extinción de incendios tenga una duración de hora y media?

¿El curso anterior esté perfectamente certificado por la empresa que lo imparte y esté aceptado por los responsables de la actividad?

¿En los procedimientos de actuación ante emergencias surjan funciones que no están contempladas en la estructura de coordinación de emergencia?

¿La formación práctica contra incendios para el personal de una oficina no incluya simulación de incendios en espacios interiores?

¿La documentación de los Planes solamente contemple el riesgo de incendio?

¿Aún se identifique el Plan de Autoprotección con un documento?

¿Aún no esté claro en muchas comunidades autónomas el procedimiento de registro de los Planes de Autoprotección?

¿Sólo se diga que hay que comunicarse pero no se especifiquen los medios de comunicación disponibles?

¿No se especifiquen las personas y ocupaciones asignadas en una posible evacuación?

¿Los planos de medios de protección de incendios sigan elaborándose con simbología no permitida?

¿No quede clara la integración del Plan en los planes de ámbito superior?

¿Se siga alimentando el debate del técnico competente y no se trabaje en mejorar la calidad de los Planes, tanto en su fase de elaboración como en la de inspección?

Lamentablemente es muy sencillo encontrar en los Planes de Autoprotección gran cantidad de ejemplos de lo expuesto anteriormente, cuya consecuencia es que se cuestione continuamente la utilidad de los mismos, especialmente cuando ocurren tragedias.

Antes estas dudas se puede, por ejemplo, plantear la siguiente pregunta: ¿es útil un paraguas que no se abre? Es posible que se pueda utilizar como bastón, pero desde luego no para protegernos de la lluvia. Con los Planes de Autoprotección ocurre lo mismo. Un Plan mal elaborado puede ser útil para adornar una librería, pero desde luego no para garantizar los objetivos básicos de los mismos: prevenir los posibles accidentes, planificar una respuesta adecuada ante emergencias y garantizar la integración del plan en el de ámbito superior.

¿Seguirán produciéndose accidentes? Rotundamente sí. ¿Se pueden realizar labores diarias de prevención y planificar una respuesta que asegure una actuación lo más rápida y eficaz posible, con la ayuda de los servicios de emergencia? Rotundamente también. ¿Se está consiguiendo que los Planes de Autoprotección cumplan sus objetivos básicos? Sólo en algunas ocasiones.

Es labor de todos conseguir que la respuesta de la última pregunta sea afirmativa. Mientras tanto, se seguirán produciendo accidentes con las fatales consecuencias que todos conocemos. Y seguiremos lamentando estos sucesos, opinando sobre lo que se tenía que haber hecho, juzgando, buscando responsabilidades y culpables, y achacando a la buena suerte el que no haya ocurrido nada más. Efectivamente, la suerte está presente en todos los aspectos de la vida, pero una buena forma de buscarla es trabajando con rigor en la autoprotección.

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